¿Por qué son tan graves los efectos del arancel al tomate?

 Por: Guillermo Guzmán


La imposición de aranceles por parte de EE. UU. del 20% a los tomates importados desde México representa una de las medidas más comentadas este día por analistas y especialistas, y no es para menos, los productos básicos como éste son el pilar de la exportación del sector agro-alimentario.

Pero, ¿por qué son tan graves los efectos del arancel al tomate?

Recordemos que el arancel a la importación lo pagan los importadores del país en cuestión, para este caso, los importadores estadounidenses que compran tomate mexicano. Esto los lleva a enfrentar un incremento en el costo del producto (claro, siempre que no se tenga una política de encadenamiento que permita afrontar este tipo de elementos, situación que no practican todos los importadores estadounidenses y mucho menos nuestros exportadores mexicanos) conduciéndolos a decidir por adquirir productos nacionales y no importados.

Esto pone a los productores y exportadores mexicanos en una posición de negociación bastante limitada y difícil, pues gran parte de la estructura de costo es apenas suficiente para cubrir las actividades necesarias para producir y transportar el producto, que por su naturaleza y nivel de procesamiento, no genera valor agregado, es decir, los importadores estadounidenses lo adquieren como materia prima para su producción.

En consecuencia, es muy difícil negociar un aumento de precio que no se justifica (al menos ante los ojos del cliente estadounidense), obligando a escenarios (enunciativos, mas no limitativos) como:

  • Aplicar descuentos y elevar el volumen de la producción para cubrir la estructura de costos,
  • Financiar el costo de innovaciones tecnológicas para reducir costos de producción.

Ambos escenarios dificultan el proceso de negocio de la empresa y su capacidad de generar liquidez y utilidad. 

Si tuviéramos que expresar lo anterior en un gráfico para mejor entendimiento, tendríamos que la estructura de los costos de la producción y exportación de tomate se distribuye en un número limitado de actividades y que los márgenes apenas permiten cubrir los elevados costos de esas actividades limitadas que no generan valor para el comprador extranjero.


En resumen, mientras no se cuente con una alineación de política pública, programas de industrialización y comercialización como plataforma para la iniciativa privada, será complicado integrar Cadenas de Valor que permitan un encadenamiento eficiente con el extranjero, pues nuestros empresarios preferirán importar y comercializar antes que producir y especializar, por la elevada carga tributaria y las presiones de compradores internacionales que representan mermar su margen de utilidad. 

Por ahora, el escenario a julio del presente año deberá atender dos prioridades: fortalecer a los productores y en segundo lugar a los exportadores, facilitando la inversión para detonar la generación de valor. 

Esto no es nuevo, hemos esperado -cuando menos- desde 1996 por la ejecución de alguna estrategia conjunta entre sector público e iniciativa privada que no replique los errores de aquellos años tempranos del TLCAN/NAFTA. Lo difícil no es diseñar la estrategia, lo difícil es mantener el control y la cooperación durante el difícil trayecto.


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