Por: Guillermo Guzmán
Es un error criminalizar la manifestación de los gremios de transporte. El verdadero problema que enfrentamos en México no es la protesta, sino la normalización de la inseguridad (el secuestro constante de la movilidad nacional) y la inacción gubernamental.
La inseguridad, costo de hacer negocios
Hoy, el sector logístico opera bajo un asedio que las autoridades —desde la SICT hasta las policías municipales— parecen haber aceptado como inevitable. Según datos de la ANPACT y CANACAR, la inseguridad ya no es un incidente, es un costo operativo que representa casi el 1% del PIB nacional.
No solo se roban mercancías; se está erosionando la confianza en el país. Cuando el Ejecutivo Federal y los mandos de seguridad normalizan el delito, condenan al sector a una inflación logística que pagamos todos en el mercado.
La vulnerabilidad del libre tránsito
Después del miedo al robo, el gran problema es la fragilidad de nuestras vías. Hemos llegado a un punto donde cualquier grupo tiene la capacidad de estrangular el tránsito, afectando a miles de empresas de todos los tamaños.
La falta de respuesta firme de las autoridades para despejar vías generales de comunicación ha convertido al bloqueo en la "herramienta de gestión" por excelencia.
El golpe a la economía
- Pérdidas millonarias: Un bloqueo en un corredor estratégico (como la México-Querétaro) puede generar pérdidas de hasta $1,500 millones de pesos por día.
- Crisis de talento: La inacción institucional ha provocado un déficit estimado de 90,000 operadores. No faltan empleos, falta seguridad para regresar a casa.
- Incertidumbre logística: El Nearshoring que necesita el país (cuando menos en el contexto T-MEC) no llegará si las empresas no pueden garantizar que su insumo llegará a la planta a tiempo. La logística de "justo a tiempo" es imposible en un país de "quien sabe si pasas".
El problema no es que los transportistas levanten la voz. El problema es un Estado que ha renunciado a su función de proteger las vías y que, por omisión o colusión, permite que tanto el crimen como el bloqueo arbitrario dicten el ritmo de nuestra economía. Sin orden en las carreteras, no hay futuro económico posible.

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