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La idea del mercado global no es nueva, se ha conformado desde la década de los 80´s a partir de la reducción de aranceles a las materias primas y el libre acceso de productos terminados a "cualquier mercado". Sin embargo, con la pandemia por COVID-19 se notó una de las aceleraciones más destacadas. Es decir:
- La ingeniería social, a través de las redes sociales y defendiendo a "las minorías", logró mejores consumidores: más voraces, más egocentristas, más irracionales, más ambiciosos; estamos quizás en un momento clave del mercado global.
- La idea de que cada consumidor es único y de que sus creencias son legítimas (a nivel de tener que imponerse de manera viral), ha permitido que los negocios aceleren la digitalización de sus canales de distribución.
- El modelado de nuevas estructuras sociales ha permitido que la diferenciación los segmentos de mercado soporte la existencia de precios a la alza, con mayor velocidad y alcance en categorías de productos.
La inercia de la pandemia por COVID-19 maximizó lo que el consumidor global no logró por cuenta propia: aceptar las TIC en la vida cotidiana y los hábitos más íntimos, esto marca el parteaguas para la personalización de bienes y servicios, facilitando así la tarea (de cualquier unidad productiva) de generar valor.
Esta generación de valor se soporta en datos que el propio consumidor provee a las unidades productivas directamente a través de las TIC y que facilitan, a su vez, el trabajo de la ingeniería social; no es un proceso nuevo, sino más ágil, porque antes existieron:
- El impacto del periódico impreso en los hábitos de lectura, el valor de sus encabezados en las conversaciones cotidianas y la identificación de los lectores con sus primeras planas.
- El posicionamiento de las películas en las mentes de los asistentes a las salas de cine (y las salas del hogar), el valor de sus historias en las aspiraciones sociales y la identificación del público con sus personajes.
- El hábito -casi instintivo- de encender la radio al mismo tiempo que se iniciaba la jornada de trabajo, el valor de memorizar y cantar las obras de los artistas del momento y los jingles de los anuncios comerciales más "pegajosos" y la interacción de los radioescuchas con sus locutores.
Hoy en día el impacto de los contenidos virales, el valor de las tendencias y la identificación de los usuarios con sus influencers facilitan la tarea de definir y crear valor, acelerando el consumo y facilitando la conducción del propio consumidor a lo que "generará valor" en el instante próximo.
De esta manera, tenemos consumidores que, al basar sus decisiones en "iniciativas globales/virales", están dispuestos a activar las cadenas de suministro que les hagan llegar productos a su medida sin importar su precio, porque estos bienes y esta disponibilidad les "distinguen" del resto de los consumidores del mundo.
Hoy, más que nunca, tenemos consumidores perfectamente moldeables. Las unidades productivas que no sean conscientes de esto, pierden participación en el mercado global.
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